Un té excepcionalmente delicado que fusiona la dulce suavidad del té blanco con los toques amoscatelados típico de los Darjeeling. Como ocurre con el té negro Darjeeling, se cultiva en zonas próximas a la cordillera del Himalaya, a gran altura, con lo que adquiere unas tonalidades diferenciadoras.
Tiene un aroma muy delicado, se muestra de un color dorado pálido en la taza y tiene un sabor suave, agradable, con algunas notas dulces. Las hojas del té de Darjeeling blanco se caracterizan por ser bastante livianas y, por eso mismo, se emplean cantidades mayores para producir una mejor infusión.
El té de Darjeeling en su versión blanca adquiere dimensiones más que interesantes para todos aquellos amantes de ese noble té.
El té de Darjeeling cuenta con un privilegio único: es que la región donde se produce, queda, ni más ni menos, que a los pies del Himalaya, entre una altura de unos 1000 a 2000 metros. Las condiciones favorables para el buen crecimiento del té, como la temperatura fresca, el clima húmedo y la cantidad de lluvias anuales hacen el resto. Es que el Darjeeling es, indudablemente, el rey de los tés.
Las principales propiedades del té blanco son :
Su alta capacidad antioxidante debido a su alta concentración de polifenoles, tres veces mayor que la del té verde.
Ayuda a mejorar las defensas y colabora combatiendo los radicales libres.
Protege contra las caries dentales por su alto componente de flúor.
Combate la fatiga física y mental, aumenta la capacidad de concentración y memoria.
Es ideal en dietas ya que no tiene calorías, aumenta la energía, es suavemente diurético y favorece la eliminación de grasas.
Es un buen aliado ante enfermedades cardiovasculares ya que baja los niveles de “colesterol malo” (LDL) y triglicéridos.
Y además, contiene la mitad de cafeína que el té verde, por lo que se recomienda para personas con problemas nerviosos.













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